Un cuento: Lo inesperado
No sé cuantas cuadras había caminado para llegar a mi casa, medio bebido, medio dormido, y de un momento a otro, un chubasco como nunca antes había experimentado inicio con toda la fuerza de la naturaleza. Una sábana de agua lo cubría todo, y tal era la violenta lluvia que uno no podía ver más de dos metros delante. Los carros disminuyeron la velocidad, las ventanas empezaron a cerrarse con violencia, y a lo lejos gritos y llantos de niños pequeños y aullidos de perros. Yo estaba en mi mundo, poco me importaba lo que pudiera sucederme, y al contrario de muchos otros peatones que también el chubasco sorprendió, yo no busque refugio en algún toldo o en alguna entrada de tiendita de esquina. Yo seguí mi rumbo, medio bebido y medio dormido como estaba, a esas alturas completamente mojado, y sin importarme nada, pisaba los charcos, recibía los chorros que salían despedidos de las canaletas de los techos de las casas como si fueran serpentinas a ambos lados de las calles. Así ca...